Las investigaciones han demostrado que, en comparación con los hombres, las mujeres tienen que esperar más tiempo para que les den un diagnóstico de cáncer y de enfermedades cardiacas, reciben tratamientos más conservadores para lesiones cerebrales traumáticas y les prescriben analgésicos con menor frecuencia. También es común que las personas de color reciban una atención más deficiente y que los médicos califiquen a los pacientes negros como poco colaboradores o incumplidos, lo cual, según las investigaciones, puede afectar la calidad del tratamiento.
“Recuerdo haberlo repasado una y otra vez en mi cabeza al tratar de dilucidar qué pude haber hecho para que reaccionara de esa manera”, contó Rishe, quien es de raza negra, refiriéndose al cardiólogo del Medio Oeste. “Y, sí, llegué a considerar que el racismo había tenido algo que ver”.
Las mujeres afirman que a menudo los médicos atribuyen sus problemas médicos a su salud mental, a su peso o a su falta de autocuidado, lo cual puede retrasar la eficacia del tratamiento. Por ejemplo, las investigaciones de Spencer señalan que las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de que les diagnostiquen una enfermedad mental cuando sus síntomas coinciden con algún padecimiento cardiaco.
Sarah Szczypinski, una periodista de Seattle, comentó que en 2016, después de dar a luz a su hijo, empezó a tener dolor e inflamación en las rodillas y un médico le diagnosticó una depresión posparto, mientras que otro le dijo que tenía que bajar de peso y hacer sentadillas, cuando en realidad se trataba de una displasia de cadera agudizada por su embarazo.
Sintió como si los médicos le estuvieran diciendo que el dolor insoportable que tenía “solo era algo por lo que las mujeres tenían que pasar”, comentó. En 2020, su trastorno había empeorado tanto, que finalmente tuvieron que someterla a una cirugía, cortarle el hueso de la pierna en dos partes y volverlo a alinear con la cadera. Dice que, cuando por fin la diagnosticaron, “se sintió reivindicada de muchas maneras”. Pero, a fin de cuentas, “tardaron tres años en diagnosticarme y yo tardé otros dos en recuperarme”.
Algunos pacientes tienen mayores probabilidades de que les ‘hagan luz de gas y los pasen por alto’
Debido, en parte, a que los científicos saben mucho menos acerca del cuerpo femenino que del masculino, es más frecuente que las mujeres reciban diagnósticos equivocados, a pesar de que “existen diferencias biológicas incluso a nivel celular”, señaló Chloe Bird, una socióloga de alto rango en la Escuela de Graduados Pardee RAND que estudia la salud de las mujeres.
En 1977, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos empezó a recomendarles a los científicos que no incluyeran en sus ensayos clínicos a mujeres en edad reproductiva por el temor de que los experimentos dañaran al feto si esas pacientes se embarazaban. A los investigadores también les preocupaba que las fluctuaciones hormonales pudieran repercutir en los resultados de las investigaciones.









































